sábado, 25 de agosto de 2012

Me da miedo la enormidad, donde nadie oye mi voz.

 Encerrados entre cuatro paredes. El tiempo se escapa de nuestras manos, y sin darnos cuenta. Y me siento pequeña... tan pequeña, si no estás. Me mata decir que te extraño, te extraño tanto que hasta duele. Es verdad, a veces la oscuridad se apodera de todos mis sueños, cuando creo no haber soñado nada, o no recuerdo lo soñado. Respiro pocas veces al día. Ultimamente, a este corazón le llega poca sangre. Vivo de esos segundos en los que, por un momento, siento tu calor a mi lado, tu aliento en mi oído, tu sonrisa en mi boca. Aunque estés sin estar, tan cerca y a la vez tan lejos. Siento que todos aquellos sueños vuelven a cobrar sentido. Siento que todas las estrellas están ahí para contar una sola historia. Es cuando te recuerdo, cuando deseo materializar todos aquellos sueños y sostenerlos con las manos para no dejarlos ir. Pero el frío, y la soledad siempre vuelven... abro los ojos y me vuelvo a ver entre cuatro paredes. El tiempo sigue escapándose y caigo en un ciclo interminable. Echo de menos el sonido de tu voz.