Mis recuerdos son como las monedas en la bolsa del diablo: cuando uno la abre, sólo encuentra hojas secas.
-Jean-Paul Sartre-
Resto los días que me faltan a los días que me sobran con el propósito de acabar en cero. Lleno de tinta el cuaderno y paso mi dedo por encima sólo para verla correrse despacio, le doy la vuelta al colchón cuando se calienta de mi cuerpo, la música más alta, el saxo que revienta en mis oídos cuando en casas contiguas todos duermen. Sólo pretendo abusar de la noche para que se asuste y huya en dirección contraria, que deje de custodiar la entrada de mi mente y pueda entrar en ella haciendo ruido y derramarme por alguna de sus calles húmedas y sedientas. Sacudirme este miedo a quedarme a solas conmigo y estas ganas de meterme por mi cuenta en la habitación acolchada. Todo huele de pronto como alguno de los talleres donde se fabrican las ciudades y así, me doy cuenta de que es un bolígrafo, nada más, aquello que me impide ahogarme en un vórtice de destrucción y autodestrucción continua, cuando ni siquiera siento la nieve caer sobre mi cabeza. Estas ganas sin sentido de ser grande y estas ganas de ser un gran sinsentido me empequeñecen tantísimo, que acabo haciendo inundación de mis propias lágrimas. Y tan imbécil que, ni aún con eso, nado a favor de la corriente y sigo en pos de Soledad sin saber si me espera al otro lado. Pienso si quiero morir o tan solo nacer a la inversa, o dejar que este tiempo me consuma rellenando los márgenes con el folio en blanco. Sabiendo que la verdad, lo único que quiero es restar, hasta acabar en cero.