Y mira sin saber a dónde. Y llora sin saber por qué.
Duerme bajo la luz que emiten las hojas de un sauce rojo. Sus lágrimas lloran más lágrimas, y a cada suspiro ella muere un poco más. La agonía es dolorosa, pero menos que el sonido de su corazón llorar. Y sangra y se ahoga en un charco.Quizá el castigo sea demasiado para nuestra alma. Maldita piedad que ya no existe. ¿Debemos sufrir o escondernos? Quién sabe.
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