viernes, 14 de diciembre de 2012
Regresar.
Hay niebla en el camino. Sé que hay una salida, pero no intento llegar hasta ella. Deseché esa idea hace tiempo. -Cierra los ojos. Escucha. Hace frío a este lado de la ciudad. - ...Y estoy de luto, qué atípico. Todo terminó antes de empezar. Por suerte o por desgracia. Ahora estoy sola, lo crean o no, lo estoy. Y me es indiferente lo que crean, lo que piensen. Estoy sola. Arranqué las páginas de aquel libro, sin incinerarlas, las guardé en una caja de cartón y recé por olvidarlo. Pero soy inútil cuando de olvidar se trata. Sé que todo es mentira. Sigue recitando tu poesía mefistofélica. No caeré en esa red. A veces dejaría de respirar. Si la sangre dejara de correr, si los latidos cesaran, si el pensamiento se evaporara en esta realidad y en cualquier otra, entonces habría una pieza menos en la enorme máquina, y el mecanismo no se vería afectado en lo más mínimo. Por segundos me dejo creer que he avistado un faro en medio de la bruma. Que no hay enfermedad que pueda conmigo, que me hicieron de piedra. Pero me desintegro. No hay quien detenga el proceso, no hay quien luche por detenerlo. Tampoco voy a decir adiós. Por vez quinta u octava. Me encadenaré a un poste de acero, y no habrá más lágrimas. Ellas sólo están en mi cabeza. Puedo estar sin ti más de dos noches. Pero hace frío a este lado de la ciudad.
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