Estoy cansada. Conté las gotas que dejaron de caer, desde las doce hasta las doce. Perdí la cuenta y volví a empezar. Para nada. A veces como un cristal, voy a estallar en mil y siete pedazos. Con la minuciosidad de un relojero del tiempo, y no de las horas; tejiendo nuevas cicatrices. Las viejas, de tanto abrirlas dejaron de cerrar. Dejé de cantar cuando amanecía. Y al anochecer, como el gato que en las calles se funde con la noche. Me escondo tras mi cortina de indiferencia aparente.
-Queremos morir. Se lee en susurro.Ayer me llamaron absurdo. ¿Y es verdad? Ojalá dormir para no despertar. Ojalá posible, imposible. Ojalá me ames, y es lo mismo. No quiero correr, me agota. Así como el respirar. Cada vez menos, alvéolos marchitos. No fumo sino silencio. Me duelen los ojos, pero llorar es bueno. Queremos morir, y se lee en susurro. Cada noche mis tímpanos, respiran ese humo.
Será que soy algo absurda.
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