domingo, 2 de junio de 2013
Un cobarde con nombre de valiente.
Como continuar por los caminos que nos siguen y no a la inversa, me hablaste de un destino escrito en letras hebreas sobre un tapiz burdeos. Mantenga la calma, podría verle temblar desde aquella estrella y sobre aquel colchón. Querría verle temblar sobre aquel colchón. Y si susurrar mentiras las transformara en realidades que son, al final, la misma mierda que al principio. Seguiría sin querer oír la ignorancia de sus labios. Pero me recordaste que la lluvia no destiñe la tinta de la seda, podríamos así vivir bajo el agua. Y podría tenerte si no te vas. Propuestas vacías como la de bailar tangos con la luna, dijo no sé qué de situar su cuerpo sobre mi piel. Cuando yo solo quería contar las manchas o hacer equilibrismos sobre su espalda. O, bueno. Pero usted es demasiado. Demasiado para. No podrás disipar este humo, este frío, este azul. Aunque embotellado vuelva para algunos domingos, seguirás lejos y mi oscuridad seguirá lejos. Fue su invasión involuntaria, junto con mi afán de acercarle a. Un vacío que logró desbordar. Que ahora cree que puede huir, en cualquier y así de fácil. Mientras me derramo sobre aquella tela, sobre mi complejo de Penélope. Que deshago o desahogo cada noche contando las que faltan. Para que usted regrese. Para que se quede hasta Abril.
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