Y de miedo escapó lo bastante lejos
para llenar de vacíos mis hojas en blanco.
Porque tiemblo despacio pero mis avalanchas te dejan en ruinas, decidí así nunca más amar.
Cayó al suelo y rescaté de la luna perdida, entre mis dedos: seiscientas noches lunares sobre tu espalda.
Se hundió la noche en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Abrí cansados los párpados para sacar de allí.
la imagen de la musa de andares lentos que se aleja
bajo los zapatos de terciopelo que cuelgan de los cables,
empezó a fingir que los días no existen y que ni el tiempo, puede curarla.
y cada viernes
el cielo proyecta el reflejo
de los charcos limpios de lluvia.
Y sigo bailando sin música.
Se hundió mi musa en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Soy tormenta.
En el café removí el pincel, lo posé en el lienzo, pensaba hacer magia.
Pero el truco empieza al abrir mis arterias.
Para pintar en brown y carmesí tus labios de sangre acuarela
sobre la seda gris ciudad.
(A veces ella toma sus pastillas.
todas de golpe y súbitamente,
los aplausos se apagan.)
Se hundió el pincel en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Como si vivimos dentro de una foto que alguien incendió dentro de ciento veintiún años y son todo cenizas.
No le cabe duda, ni una más. A la niña boreal, un segundo de silencio, Moldava, en tu noche infinita, Moldava, un segundo por ella. Este suicida está enamorado de aquel puente.
Se hundió la noche en Bohemia.
y en tus ecos
mis heridas.
Me gustó lo que escribiste. ¿Puedes pasarte por mi blog? Soy nueva y no tengo seguidores. Un beso y gracias!
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