Vine a que me enseñaras
qué malas artes usaste
para hurtarle la pintura de luz
a las estrellas
y pintártela en los ojos.
A conocer la magia
sobre la cual
todas las desgracias reposan
y que gira pausadamente
sobre tus hombros.
Vine a estudiar
el movimiento migratorio
de aquellos pájaros del Ecuador
observándolos a través
del batir de tus párpados.
A oír de tus labios
la poesía surrealista prosaica
de la que tu rebosante cráneo
sobre tus hojas sangra
cuando lloras.
Solo vine a decirte que
cuando descubrí que sabías
darle significado
a lo insignificante
hacer universos
sobre motas de polvo
solo quise venir
solo quise decirte
que construyeses,
sobre mi desastre
una ciudad en ruinas
donde poder,
tan solo, intentar
amarnos.
Desbordándonos
en las comisuras de la noche.
viendo a un único y eterno día
alejarse.
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