lunes, 27 de enero de 2014

Dame cuerda.

 Somos incendiarios.

 El descaro me enternece,
 menos cuando lo gritan tus ojos.
 Arrancamos las pestañas que parecen manecillas
  y en suspiros le pedimos deseos al tiempo.
 Tiene sentido.

 Ojalá hayas sido la tinta de mi papel. 
 (para reescribirme)
 Y ojalá no te borres si no es de lluvia. 

 Ese gato me miraba tan fijamente que.
 Ese gato me obligó a aprender a huir, 
 ahora se lo agradezco.
 Mi piel nunca estuvo lo bastante suave.
 Tu piel nunca estuvo.

 Fue brillante, 
 brillante que encandila
 brillante como Escher
 subimos y bajamos por esa escalera
 sin ir en realidad a ninguna parte,
 y sin encontrarnos.

 Pero quizás,
 autodidacta como nunca supe, aprenda a decir
 todo lo no dicho sin palabras.
 Es la maldición de estos malditos poetas, malditos.
 Es todo por la misma magia negra
 el delirio de la noche 
 el peligro de la noche, la noche. 
    -Ingenuos llamándolo miedo.-

 Está de más confiar.
 La verdad es una cruel amante
 que se disfraza.
 A veces es tan densa, tan pesada
 que no sabe escapar de los labios.
  Y sólo a veces,
 se desnuda.

 El descaro me enternece
 menos cuando recuerdo tus ojos
 sobre los míos
 mientras recuerdo a la puta
 otra vez disfrazándose 
 tú disfrazándote de amor
 yo huyendo como me enseñó el gato,
 a tenerle miedo al tiempo

y sin embargo,
 seguimos siendo.

 Incendiarios.


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