Somos incendiarios.
El descaro me enternece,
menos cuando lo gritan tus ojos.
Arrancamos las pestañas que parecen manecillas
y en suspiros le pedimos deseos al tiempo.
Tiene sentido.
Ojalá hayas sido la tinta de mi papel.
(para reescribirme)
Y ojalá no te borres si no es de lluvia.
Ese gato me miraba tan fijamente que.
Ese gato me obligó a aprender a huir,
ahora se lo agradezco.
Mi piel nunca estuvo lo bastante suave.
Tu piel nunca estuvo.
Fue brillante,
brillante que encandila
brillante como Escher
subimos y bajamos por esa escalera
sin ir en realidad a ninguna parte,
y sin encontrarnos.
Pero quizás,
autodidacta como nunca supe, aprenda a decir
todo lo no dicho sin palabras.
Es la maldición de estos malditos poetas, malditos.
Es todo por la misma magia negra
el delirio de la noche
el peligro de la noche, la noche.
-Ingenuos llamándolo miedo.-
Está de más confiar.
La verdad es una cruel amante
que se disfraza.
A veces es tan densa, tan pesada
que no sabe escapar de los labios.
Y sólo a veces,
se desnuda.
El descaro me enternece
menos cuando recuerdo tus ojos
sobre los míos
mientras recuerdo a la puta
otra vez disfrazándose
tú disfrazándote de amor
yo huyendo como me enseñó el gato,
a tenerle miedo al tiempo
y sin embargo,
seguimos siendo.
Incendiarios.
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