Cierro los ojos y
estamos allí, yo te veo entre tres paredes viejas por encima del filo de una
espada y una risa-resorte te expulsa de la cama, la esbozas extraña con los
nervios a flor de piel, nunca consigo recordar si esa expresión es realmente
así pero parece exacta cuando surgen verdes las libélulas de entre los
pliegues de ese desnudo tan bien planchado, que siempre incitó a planear a ras
de un futuro incierto sobre una promesa con alas de madera llenas de termitas. Bruja, te recuerdo peinándote y despeinándote sin descanso y esta despedida se
me hace urgente, el parpadear es un efímero regreso a las primeras veces en las
que parecíamos juguetes rotos y no armas de doble filo cargadas para jugar una
vez más a la ruleta rusa. Iba a ser tu Oliveira, iba a adorar tus pies
demasiado pequeños y tus uñas barnizadas del color de la noche, los milagros de
nuestro hogar. Pero nunca pude. Soportar el dormir madrugada tras madrugada ocupando
un grandísimo espacio en un universo de cincuenta centímetros de tu galaxia, humanizar tu silencio en mi silencio dentro de una atmósfera de
alientos y exhalaciones que se entremezclan en un sueño confundido, en una
pesadilla, en una especie de cárcel de aire. La responsabilidad de tener que salvarte la vida, de tener que salvarte de la vida, de tener que dejar que me salves con todas esas ganas y todo ese puto potencial tuyo a arrancarme estas palabras cobardes de la lengua y a desnudarme la mente. Desaparezco y lo hago antes de terminar
de ahogarme en el recuerdo de unos amaneceres que aún te debo y que se escapan, con tiempo de dejar el vicio de medir el peso del alma por medio de la tinta, ahora cuando ya no queda nada más que algo de polvo y algunas palabras mudas
que huelen a naranja y que parecen sábanas revueltas todavía llenas de pelo, ahora cuando mis nudillos manchados parecen un Pollock, ahora, antes de que vuelvan todas aquellas cosas hermosas y feas que a tu lado a carecen de toda lógica y profundidad, días de sobrevivir, de vivir sobre ti con miedo a sobrevivirte.
El olvido es el preludio de la muerte y estoy tan vivo.
No te echo de menos, pero.
Amanece, y.

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