viernes, 22 de febrero de 2013

Qué pasa.

   Lo inconfesable. Mejor buscar, morir, -nos. En el camino fácil. Continuo intermitente, sábado noche la conexión se interrumpe. Pero ya es tarde. Sigo sin ser, siendo nada. Nada soy yo, y es cordura, nada es eterno. Es lo único que siempre queda. Fiel a los que no están ciegos. Es más tristeza que otra cosa. Y tú, ¿Sabes lo que eres? En la nada, misterio y exactitud. Frío. Bajo la piel, por encima de las nubes. Cogemos un tren que no va a ninguna parte. Le llaman suicidio. Lógico, igual es de frío. No cortas el ciclo, es constante. Ríos que no van al mar; eternos que en segundos mueren. Llegando a la estación trece, es rezo que me salves. Es grito mudo. Firmada la sentencia, resignación no aparece. Nos deja a solas, aceptando sin aceptar la condena. Pactando con san Gre...gorio, hijo de nadie. Y trenes son ríos, y yo soy la nada y tú eres certeza. Necesito un final. El mar está en llamas.

sábado, 16 de febrero de 2013

Él es mi noche, y mis signos de puntuación.

 Matemático en la lluvia. Soy desconocida en mi propio mundo. Viajo a un no-lugar, demasiada inmensidad para tan poco espacio. Y él es un matemático en la lluvia, matemático de la luz. Matemático de todo lo in-. Visible, contable. Mientras yo, encuentro poesía en la vía, en el metro. En el aire. Los automátas pasan de largo y no la ven. Ni quieren. Creo buscar algo que no existe. Soy materia gris y me extingo despacio. Pero no soy metal, soy alma. Capturo emociones en mi red, telaraña de dislate. Si termina el viaje, quedará. Ceniza y tinta. Dichas emociones se evaporan y más tarde llueven. Quedan criaturas deformes en el sótano, presumen de no ser más que mecanismos, firma Mefistófeles. Y, en lo gris. Escribimos sátiras de sinceridad. Y él es prefacio, puntoscomas. Él es oscuridad sin dejar de ser matemático de la luz. 

lunes, 4 de febrero de 2013

Ronda 56 de 365.

  Tras la tormenta llegó la noche. ¿Sabes por qué se fue? Yo no. Hacía frío aquella madrugada, él nunca supo si volvería. Esperaba no hacerlo.

 Contra todo pronóstico, regresó. Por qué. Ni lo sé, no quiero saberlo. Él era frío, era un loco. Me amarró a un poste con cadenas.  Pero eso no dolía, pues. Sus palabras eran témpanos. Lo sabía... Era consciente del daño, y no de las cicatrices. A veces pienso que por eso se fue. Huyendo de sí mismo, todos lo hacemos. Sigo culpándole a él de ello. Aunque; Fui quién lo empezó todo. Las palabras siguen ahí, las que dije. Las que quise decir. Las que no. Él las archivó, era un secreto. Recordarlas le hizo explotar. Y así acabamos. Llamémoslo sinvivir. Dos exangües sin hogar. Problemas más, transitaban por aquella carretera. Los consideré banales y pasé de página. Pero aún sigo en la misma. Pensando me dije que no había diferencias. -Todo es como entonces.- Pero hay una. Tenía grapas en los ojos, las saqué. Y aún estoy ciega. Pero sé por qué se fue. Él sabía que yo seguiría ahí. Que siempre estaría ahí...

Para encajar los golpes.

sábado, 2 de febrero de 2013

-En sus ojos existe la tristeza misma.-

 Esa persona. Que.
Años atrás, sin buscarlos, encontró motivos para vivir. Demasiados. Eso le hizo temer al fin. Como es normal. Como es natural. Por ello, se construyó un caparazón de hierro. Invisible e indestructible, corazón. Así lo llaman. Y esa fue su armadura. Inspiraba (¿Miedo?) Sólo, inspiraba. Esto no es mitología. Digo que fue casualidad. Luchó, y así, destruyó al menos cien corazas plateadas. La piedad, la compasión. Eso. Eso jamás lo sintió. Nunca es una palabra grande. Jamás lo creyó sentir. -Y. Para qué servirá. Si yo nunca hice daño a nadie...-
 Años delante. Demasiados, quiere morir. Quiero, he dicho quiero. No es normal, no es natural. Sabemos que eso no existe. Que es una mentira. Quiero a esa mentira, me enamoré de ella. Recoge los cristales, sabes que no hay armadura. La verdad me engañó. Pero yo quiero a esa mentira, me enamoré de ella. No puedo seguir luchando, sin protegerme. No voy a hacerlo. Yo, sólo me tenía a mi, y ya no. Ni eso ahora. Ahora ni estoy. Te pediría morir, pero ya lo estás cumpliendo, lentamente. Ahora ni soy. A sangre fría. Extráñame. Es igual, no importa. Que no lo hagas. En qué pensaba. No lo harás. Patadas y piedras. Me lanzo al vacío y acabamos de una vez. ACABAMOS, te digo. Te digo, te pienso, te amo. Desde arriba. Desde donde existo.