Esa persona. Que.
Años atrás, sin buscarlos, encontró motivos para vivir. Demasiados. Eso le hizo temer al fin. Como es normal. Como es natural. Por ello, se construyó un caparazón de hierro. Invisible e indestructible, corazón. Así lo llaman. Y esa fue su armadura. Inspiraba (¿Miedo?) Sólo, inspiraba. Esto no es mitología. Digo que fue casualidad. Luchó, y así, destruyó al menos cien corazas plateadas. La piedad, la compasión. Eso. Eso jamás lo sintió. Nunca es una palabra grande. Jamás lo creyó sentir. -Y. Para qué servirá. Si yo nunca hice daño a nadie...-
Años delante. Demasiados, quiere morir. Quiero, he dicho quiero. No es normal, no es natural. Sabemos que eso no existe. Que es una mentira. Quiero a esa mentira, me enamoré de ella. Recoge los cristales, sabes que no hay armadura. La verdad me engañó. Pero yo quiero a esa mentira, me enamoré de ella. No puedo seguir luchando, sin protegerme. No voy a hacerlo. Yo, sólo me tenía a mi, y ya no. Ni eso ahora. Ahora ni estoy. Te pediría morir, pero ya lo estás cumpliendo, lentamente. Ahora ni soy. A sangre fría. Extráñame. Es igual, no importa. Que no lo hagas. En qué pensaba. No lo harás. Patadas y piedras. Me lanzo al vacío y acabamos de una vez. ACABAMOS, te digo. Te digo, te pienso, te amo. Desde arriba. Desde donde existo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario