martes, 23 de abril de 2013

Mil imágenes no valen una palabra.

  Cuando anochece, los elefantes azules caminan pesados sobre la línea del horizonte. Provocando el giro y la traslación pausada y constante del planeta. Hasta escuchar el grito ardiente de alguien que no sabe donde está. Entonces se hunden en la tierra, la hacen sangrar. Entonces el mundo llora y recuerda. Que en su defecto, no es más que una gran máquina de vacíos. Elefante despierta de sus delirios cuando tu agua se derrama en él. No puede soñar así y te busca. Los kilómetros que hagan falta para calmar tu dolor. Voces anónimas que le atormentan. Extraños con la misma sangre. Comparten espacio en un ínfimo universo. En el cual existes entre muchos otros. En el que los corazones arden, palidecen y se secan. Pero todos somos culpables; la inocencia es un mundo aparte. Este miedo es creación nuestra. Pronto va a estallar. Si no eres mi elefante por una noche. 'Crees que no vas a poder resistir, en un mundo en el que vivir es más importante que entender.' Estás asustado. Porque nadie te ama. 

sábado, 20 de abril de 2013

Soñar es pecado.

 Escuché al atardecer pensando que jamás volvería a ver el sol. Valiente cobarde. Parece que acabé rápido después de una 'vida', de resistencia muda. ¿Verdad? Pero el peso de los días cada vez era más un peso que un pasar. Se veía perpetuo. Un esperar largo de final tardío. Y aquel peso, cada noche, empujaba mis ojos hacia atrás, hacia el centro de donde la nada nunca reluce. Queriendo encadenarlos a mi alma extinta, cerrar con llave. Y desvanecerme entre haces de luz aural. Involuntariamente. Extinguirme en el aliento de nadie. En el mirar de nadie. En la esencia de nadie. Y en la ausencia del mismo. Respirar y contar hacia atrás. Desde millones de años. Hasta cero. Pero no hay algo que me retenga del huir. No quiero seguir contando hacia adelante. Con miedo al número que pueda alcanzar. Sin haber vivido. Si es así, deseo que la sangre y los segundos. Dejen de correr. Esto es una jaula. Esto soy yo. No puedo escapar de una burbuja de cristal. Porque soy más frágil. Y más destructible. Podría mostrarte que siento como un ave, vivir entre la tierra y el cielo si abrieras los ojos. Quizás los magos morimos pronto. Porque la magia murió hace siglos. 

lunes, 15 de abril de 2013

Vendí mi alma por segunda vez.

 ¿Usted ha pensado alguna vez en el suicidio? Yo sí. Pero nunca podré. Y eso también es una carencia. Porque yo tengo todo el cuadro mental y moral del suicida, menos la fuerza que se precisa para pegarse un tiro en la sien. 


sábado, 13 de abril de 2013

Abandon.

 Días difíciles. 
A veces lo recuerdo. ¿Realmente prefiero olvidarlo? Evasión como primera norma. Esconderse es de cobardes. ¿Y qué soy? Pertenezco a mi miedo. Nada está bien cuando todo está bien. Tinta impresa en los bolsillos. Deja de significar. Me viene a la mente. Que ustedes serán plástico. Aunque yo sea cristal. Transparente. Frágil. Sabes que lo que ves es lo que hay. Dentro de mí. No hay más telón que el que creó tu mente. No. A veces colisiono. No es el suelo el que se rompe a mis pies. Lo prefiero así. Huir. Entre una lluvia de pentagramas vacíos. Porque el silencio es la segunda norma.  Si quieres volver atrás. Te preguntas. Quién puede anhelar el ver correr las agujas en sentido inverso. Respondería si encontrara palabras. Es que la galaxia se hace eterna cuando trato de encontrarme. Aunque se haga ínfima cuando alguien me busque. Y no me deje ver el reflejo de mi propio ser. Eso es impotencia. No creo en seres superiores, creo en seres diferentes. Nadie extraña algo que nunca existió. Cada vez lo entienden menos. Cada vez lo entiendo menos. Cada vez busco entenderlo menos. 

jueves, 11 de abril de 2013

¿Por qué apareciste?


Porque no podía morir sin haberte mirado una vez, porque temía perderte. 

lunes, 8 de abril de 2013

En la excitación de mis sueños de opio, gritaba su nombre en el silencio de la noche.

 Sin Ligeia, era yo un niño a tientas en la oscuridad. 

 Y (extraño, ¡Ah, el más extraño de los misterios) encontraba en los objetos más comunes del universo un círculo de analogías con esa expresión. Quiero decir que, después del periodo en que la belleza de Ligeia penetró en mi espíritu, donde moraba como en un altar, yo extraía de muchos objetos del mundo material un sentimiento semejante al que provocaban, dentro de mí, sus grandes y luminosas pupilas. Pero no por ello puedo definir mejor ese sentimiento, ni analizarlo, ni siquiera percibirlo con calma. Lo he reconocido a veces, repito, en una viña que crecía rápidamente, en la contemplación de una falena, de una mariposa, de una crisálida, de un veloz curso de agua. Lo he sentido en el océano, en la caída de un meteoro. Lo he sentido en la mirada de gentes muy viejas. Y hay una o dos estrellas en el cielo (especialmente una de sexta magnitud, doble y cambiante, que puede verse cerca de la gran estrella de Lira) que, miradas con el telescopio, me han inspirado el mismo sentimiento. Me ha colmado al escuchar ciertos sones de instrumentos de cuerda, y no pocas veces al leer pasajes de determinados libros. Entre innumerables ejemplos, recuerdo bien algo de un volumen de Joseph Glanvill que (quizás simplemente por lo insólito, ¿quién sabe?) nunca ha dejado de inspirarme ese sentimiento: <<Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y de su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.>>

-E.A.P.