sábado, 20 de abril de 2013

Soñar es pecado.

 Escuché al atardecer pensando que jamás volvería a ver el sol. Valiente cobarde. Parece que acabé rápido después de una 'vida', de resistencia muda. ¿Verdad? Pero el peso de los días cada vez era más un peso que un pasar. Se veía perpetuo. Un esperar largo de final tardío. Y aquel peso, cada noche, empujaba mis ojos hacia atrás, hacia el centro de donde la nada nunca reluce. Queriendo encadenarlos a mi alma extinta, cerrar con llave. Y desvanecerme entre haces de luz aural. Involuntariamente. Extinguirme en el aliento de nadie. En el mirar de nadie. En la esencia de nadie. Y en la ausencia del mismo. Respirar y contar hacia atrás. Desde millones de años. Hasta cero. Pero no hay algo que me retenga del huir. No quiero seguir contando hacia adelante. Con miedo al número que pueda alcanzar. Sin haber vivido. Si es así, deseo que la sangre y los segundos. Dejen de correr. Esto es una jaula. Esto soy yo. No puedo escapar de una burbuja de cristal. Porque soy más frágil. Y más destructible. Podría mostrarte que siento como un ave, vivir entre la tierra y el cielo si abrieras los ojos. Quizás los magos morimos pronto. Porque la magia murió hace siglos. 

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