domingo, 25 de noviembre de 2012

Sueños.

 Bañeras llenas de agua fría hasta la mitad. Infusiones de menta. Cielos grises, ventanas abiertas. Colchones sin funda, colchones rotos. Habitaciones que se quedan vacías, ojalá vacías de recuerdos. Parpadeo, espejismo y estás aquí. Casi puedo oír tu voz. Me dejo caer, pero sin derrumbarme, ~o eso intento. Y puede que ahora estés encerrado entre las cuatro paredes de mi mente. Que ya no son más que paredes, sin puertas ni ventanas, y no puedes escapar. Pero yo lo intento. Intento escapar, por todos los medios. Y tú ya no recuerdas ningún domingo, ninguna ventana abierta, ningún cielo gris. Ya no recuerdas la importancia de tu respiración, lo tibio de tu aliento. Ni de que reímos, ni lloramos, ni por qué nos gritábamos en cada habitación. Pero ya no te echo de menos, lo juro. Ni en lo más profundo necesito ver otra vez tus ojos clavados en los míos, no. No vas a volver. Ni mañana ni nunca. Es difícil culparte, quién volvería. ¿Acaso un animal se encierra en su propia jaula? No hablamos de amor, porque no, yo no te echo de menos. 

 -Los gatos que no tengo maúllan por la noche a los gatos que tú no tienes. 

martes, 20 de noviembre de 2012

Sin mentir.

 Llevo demasiado tiempo aquí, atrapada en este pozo de locura y desesperación. Demasiado tiempo fingiendo que está todo bien. Mostrando una sonrisa a aquellos que querían verla. Arrepintiéndome de todo, odiándome sólo a mí. Los demonios se encuentran bajo mi piel. El ser que se refleja en el espejo, como detractor único. El empleo excesivo de la palabra quizás. ¿A quién le importa? A mi desde luego, no; pienso mientras limpio la sangre de la palma de mi mano. Me pongo la máscara: esbozo una sonrisa y salgo por la puerta. Y así cada día. Y si grito, ¿Podrás escucharme? No... no podrás. 

 Solo quiero existir.

lunes, 19 de noviembre de 2012

someday-

 -Pues... yo quiero verte reír con ganas. 
 -Yo no tengo risa. 

 Entonces su mirada cambió. Estaba hueca, y más de lo normal. Generalmente, estaba vacía, pero no hueca. Generalmente, había algo en esa mirada. Tal vez, hablemos de esa carencia de sentimientos que siempre le caracterizó. Al menos desde el día que le conocí, siempre fue áspero. Áspero, no desagradable. Áspero de un modo distinto. Mentiría si dijera que miraba sus ojos y podía ver mil cosas distintas, pues no podía. Era un maldito misterio. Pero quizás no mienta si digo, que leía cada una de sus palabras y creía comprender todos y cada uno de sus motivos. Y sé lo que pasaba por su mente... -Tú no lo entiendes-. Como también pasaba por la mía. Pronunciamos aquellas palabras simultáneamente, y pretendimos que no significaran lo mismo. Ignorantes. 
 A veces, sin conocerte, creía conocerte demasiado. A veces, creía entender el por qué de tu risa ausente. Creía entender tantas cosas... cuando en realidad no entendía nada. Y me dí cuenta tarde. 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Belice.

 No, no evitarás que quiera largarme cuanto antes. Si cada vez que me quiero ocultar, tú me conviertes en gigante. Me has llevado por corrientes de agua que van a tus redes, y tus ojos son dos prismas devolviendo oscuridad. No pretendas defenderte. Te diré que no, no me convences. Me quiero evaporar... entre la gente. No, lo vas a negar. Algunas bases no resisten. Y un pulgar puede asfixiar. Y a quien madruga, Dios no existe. Ya puedes preguntar, preguntar por ahí, o a los tuyos. Si una gota colma el vaso, otras veces ya es el mar. Y es el mar, esta vez ¿Lo entiendes? 
 ¿No ves que ya no... no me convences? Me quiero evaporar entre la gente. Un día me iré, me iré de verdad. No sé si me ves del todo capaz de cambiar nombre y edad y si me encuentras decirte, -De quién me estás hablando?-. No, no, no, no lo haré, jamás. Me falta valor o fuerza vital. ¿De qué me sirve salir de esta inmensa ciudad, si de quién pretendo huir seguirá aquí dentro de mí, y eres tú? Si puedo escapar, es con la mente. 

 Love of Lesbian. ~ Belice. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Mirando hacia atrás.

 Estar, no estar. Moverte aquí y allá, jugar a existir. Respirar, o dejar de hacerlo. No tener a donde ir, no pertenecer a ningún lugar. Bañarte en la soledad de un día gris, y escribir. Buscar desesperadamente una salida inexistente. Gritar, contenerte, llorar. Pedir ayuda, o sufrir en silencio. Hacer el intento de coser tus propias heridas. Sangrar. Pensar demasiado, pensar en mal. Que no hay motivos para estar así. Y, sin motivos, morir. Exhalar tu último suspiro dentro de un cuerpo cuyo corazón aún late. Palpando la ausencia de sentimientos. De calor humano. Sumirte en la tragedia, en el drama. Tratar de derribar aquellos muros. Y sin éxito. Sin darte cuenta, perder la razón. Derrumbarte, caer. El tiempo no es siempre un buen maestro. Pero lo es la experiencia. Las sonrisas no son eternas, se desdibujan. Y no hay excepciones. El fin puede ser solo el comienzo.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Confesiones.

 Él era un joven viejo, triste y loco. Él estaba solo, y murmuraba a veces palabras fugaces, melancólicas y se las llevaba el viento. Nadie sabía que pensar de él, quizás eso pretendía. Podía pasarse una tarde, mirándote a los ojos sin decir nada. Podía comprender, mirar en lo más profundo de alma. Respondía. A aquellas preguntas que nadie se formula, a aquellas que llevamos dentro. Él era un estudioso, un sabio, un soñador. Todo a la vez, y en la misma medida. Te hablaba de ojos que por última vez se cerraron hace mucho. De las mujeres más hermosas. Del placer más absurdo. Ser, de piel y huesos incomprendido. Poseedor de la inteligencia más fascinante que pisó el universo. 
 Nadie lo recuerda ya. No somos más que polvo que se mueve en espiral. Nadie va a ninguna parte. Nacemos, morimos. Nos echamos de menos. Y, finalmente, nos olvidamos. Decidí que nada ha de ser perfecto. Pero gracias por todo.