-Pues... yo quiero verte reír con ganas.
-Yo no tengo risa.
Entonces su mirada cambió. Estaba hueca, y más de lo normal. Generalmente, estaba vacía, pero no hueca. Generalmente, había algo en esa mirada. Tal vez, hablemos de esa carencia de sentimientos que siempre le caracterizó. Al menos desde el día que le conocí, siempre fue áspero. Áspero, no desagradable. Áspero de un modo distinto. Mentiría si dijera que miraba sus ojos y podía ver mil cosas distintas, pues no podía. Era un maldito misterio. Pero quizás no mienta si digo, que leía cada una de sus palabras y creía comprender todos y cada uno de sus motivos. Y sé lo que pasaba por su mente... -Tú no lo entiendes-. Como también pasaba por la mía. Pronunciamos aquellas palabras simultáneamente, y pretendimos que no significaran lo mismo. Ignorantes.
A veces, sin conocerte, creía conocerte demasiado. A veces, creía entender el por qué de tu risa ausente. Creía entender tantas cosas... cuando en realidad no entendía nada. Y me dí cuenta tarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario