Estar, no estar. Moverte aquí y allá, jugar a existir. Respirar, o dejar de hacerlo. No tener a donde ir, no pertenecer a ningún lugar. Bañarte en la soledad de un día gris, y escribir. Buscar desesperadamente una salida inexistente. Gritar, contenerte, llorar. Pedir ayuda, o sufrir en silencio. Hacer el intento de coser tus propias heridas. Sangrar. Pensar demasiado, pensar en mal. Que no hay motivos para estar así. Y, sin motivos, morir. Exhalar tu último suspiro dentro de un cuerpo cuyo corazón aún late. Palpando la ausencia de sentimientos. De calor humano. Sumirte en la tragedia, en el drama. Tratar de derribar aquellos muros. Y sin éxito. Sin darte cuenta, perder la razón. Derrumbarte, caer. El tiempo no es siempre un buen maestro. Pero lo es la experiencia. Las sonrisas no son eternas, se desdibujan. Y no hay excepciones. El fin puede ser solo el comienzo.
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