Vine a que me enseñaras
qué malas artes usaste
para hurtarle la pintura de luz
a las estrellas
y pintártela en los ojos.
A conocer la magia
sobre la cual
todas las desgracias reposan
y que gira pausadamente
sobre tus hombros.
Vine a estudiar
el movimiento migratorio
de aquellos pájaros del Ecuador
observándolos a través
del batir de tus párpados.
A oír de tus labios
la poesía surrealista prosaica
de la que tu rebosante cráneo
sobre tus hojas sangra
cuando lloras.
Solo vine a decirte que
cuando descubrí que sabías
darle significado
a lo insignificante
hacer universos
sobre motas de polvo
solo quise venir
solo quise decirte
que construyeses,
sobre mi desastre
una ciudad en ruinas
donde poder,
tan solo, intentar
amarnos.
Desbordándonos
en las comisuras de la noche.
viendo a un único y eterno día
alejarse.
lunes, 9 de diciembre de 2013
|||
Escribo porque
vivo
cuando los pensamientos sangran
y se coagulan en folios
en analogías abstractas
quiero verte fumándote
las ganas de vivir en el rellano
escuchándote hablar contigo
tras la puerta.
No escribo
para ti.
Escribo
porque tú.
vivo
cuando los pensamientos sangran
y se coagulan en folios
en analogías abstractas
quiero verte fumándote
las ganas de vivir en el rellano
escuchándote hablar contigo
tras la puerta.
No escribo
para ti.
Escribo
porque tú.
||
Zapatos de charol
con los que ella bailaba
yacen en un baúl
que creo atemporal
en el que quisiera guardarme.
Escribo en un cuaderno
de 1998
todas aquellas primaveras contigo
que jamás me diste
con todos esos besos
que jamás me diste
todas aquellas cosas que tanto amé
y que tanto amo
que quiero que vuelvan.
El cristal
el jodido cristal se funde
sobre el alféizar, cuando llueve
me señala mi soledad
con dureza
y solo quiero girarme
de una vez y morir
o dejarme matar
en mi guerra interna.
|
Quise saber
por qué
se te van los años por la boca
cuando me hablas,
rayos de tiempo
cuando me miras.
Pero no pregunto.
Estando tan enamorados
y no aprendes
a admitir tus mentiras
de decir que me amas
sin tapujos,
ni miedos
besándome desde tan lejos
haciendo
como quien entiende.
Y yo,
y yo.
Quién soy.
Para hablarte de amor
si he pedido explicaciones
tantas veces
para después
querer creer
la respuesta del viento.
No vamos a hablar de engaños
que no quieren ser engaños
cuando pronuncias un
yo siempre soñé quererte
y enseguida me sueltas la mano
sin dolor
sin saber del dolor
que en las entrañas,
me duele.
Podemos hablar de sentimientos bélicos
que se derraman como sangre
que duelen igual,
que saben igual,
que son lo mismo.
Vivo para crear belleza y drama,
vivo para intentar creerte
en espera de saber que no,
que no me amas
que no me vas a amar
y se te rayen por fin
los ojos de tiempo.
por qué
se te van los años por la boca
cuando me hablas,
rayos de tiempo
cuando me miras.
Pero no pregunto.
Estando tan enamorados
y no aprendes
a admitir tus mentiras
de decir que me amas
sin tapujos,
ni miedos
besándome desde tan lejos
haciendo
como quien entiende.
Y yo,
y yo.
Quién soy.
Para hablarte de amor
si he pedido explicaciones
tantas veces
para después
querer creer
la respuesta del viento.
No vamos a hablar de engaños
que no quieren ser engaños
cuando pronuncias un
yo siempre soñé quererte
y enseguida me sueltas la mano
sin dolor
sin saber del dolor
que en las entrañas,
me duele.
Podemos hablar de sentimientos bélicos
que se derraman como sangre
que duelen igual,
que saben igual,
que son lo mismo.
Vivo para crear belleza y drama,
vivo para intentar creerte
en espera de saber que no,
que no me amas
que no me vas a amar
y se te rayen por fin
los ojos de tiempo.
jueves, 14 de noviembre de 2013
Cero.
Mis recuerdos son como las monedas en la bolsa del diablo: cuando uno la abre, sólo encuentra hojas secas.
-Jean-Paul Sartre-
Resto los días que me faltan a los días que me sobran con el propósito de acabar en cero. Lleno de tinta el cuaderno y paso mi dedo por encima sólo para verla correrse despacio, le doy la vuelta al colchón cuando se calienta de mi cuerpo, la música más alta, el saxo que revienta en mis oídos cuando en casas contiguas todos duermen. Sólo pretendo abusar de la noche para que se asuste y huya en dirección contraria, que deje de custodiar la entrada de mi mente y pueda entrar en ella haciendo ruido y derramarme por alguna de sus calles húmedas y sedientas. Sacudirme este miedo a quedarme a solas conmigo y estas ganas de meterme por mi cuenta en la habitación acolchada. Todo huele de pronto como alguno de los talleres donde se fabrican las ciudades y así, me doy cuenta de que es un bolígrafo, nada más, aquello que me impide ahogarme en un vórtice de destrucción y autodestrucción continua, cuando ni siquiera siento la nieve caer sobre mi cabeza. Estas ganas sin sentido de ser grande y estas ganas de ser un gran sinsentido me empequeñecen tantísimo, que acabo haciendo inundación de mis propias lágrimas. Y tan imbécil que, ni aún con eso, nado a favor de la corriente y sigo en pos de Soledad sin saber si me espera al otro lado. Pienso si quiero morir o tan solo nacer a la inversa, o dejar que este tiempo me consuma rellenando los márgenes con el folio en blanco. Sabiendo que la verdad, lo único que quiero es restar, hasta acabar en cero.
-Jean-Paul Sartre-
Resto los días que me faltan a los días que me sobran con el propósito de acabar en cero. Lleno de tinta el cuaderno y paso mi dedo por encima sólo para verla correrse despacio, le doy la vuelta al colchón cuando se calienta de mi cuerpo, la música más alta, el saxo que revienta en mis oídos cuando en casas contiguas todos duermen. Sólo pretendo abusar de la noche para que se asuste y huya en dirección contraria, que deje de custodiar la entrada de mi mente y pueda entrar en ella haciendo ruido y derramarme por alguna de sus calles húmedas y sedientas. Sacudirme este miedo a quedarme a solas conmigo y estas ganas de meterme por mi cuenta en la habitación acolchada. Todo huele de pronto como alguno de los talleres donde se fabrican las ciudades y así, me doy cuenta de que es un bolígrafo, nada más, aquello que me impide ahogarme en un vórtice de destrucción y autodestrucción continua, cuando ni siquiera siento la nieve caer sobre mi cabeza. Estas ganas sin sentido de ser grande y estas ganas de ser un gran sinsentido me empequeñecen tantísimo, que acabo haciendo inundación de mis propias lágrimas. Y tan imbécil que, ni aún con eso, nado a favor de la corriente y sigo en pos de Soledad sin saber si me espera al otro lado. Pienso si quiero morir o tan solo nacer a la inversa, o dejar que este tiempo me consuma rellenando los márgenes con el folio en blanco. Sabiendo que la verdad, lo único que quiero es restar, hasta acabar en cero.
jueves, 31 de octubre de 2013
10/12
Quiero pasar la noche entre la brisa que deja el vuelo de su falda, cuando me asomo a la ventana y la veo bailando al borde del abismo de una de las estrellas más lejanas, esperando a que la mire para dejarse caer. Porque ella piensa que las venas que se dibujan sobre mis párpados son redes y que yo solo cruzo los dedos esperando no tener que verla precipitarse jamás, ni agarrarse al hilo de mis tristuras que sólo se deshilacha y retrasa el impacto. Lo cierto es que cuando cierro los ojos solo veo nebulosas de sangre que dan vueltas en mi cerebro, pienso en su rescate tantas veces al día y aguanto unas lágrimas a sabiendas de que soy la huida y las ganas de huir, a sabiendas de que estoy deseando que ella me dé la espalda para empezar a darles nombres a las constelaciones de sus lunares.
Pero no somos más que dos locos sordos con un pie en la línea esperando a oír el disparo para echar a correr. Y nunca llega. Porque nunca parece cansarse de soñar con auroras boreales cuando la dejo mirando al techo de gris en esas manchas de humedad que se ensanchan y le inundan el mundo. Llevo todavía en el pecho mi reloj de papel que a las diez y diez estático nació sin respirar, para recordar que si me canso del mecanismo de la vida, si le falta aceite y escuece, puedo ir a saltar de engranaje en engranaje, de diente en diente, cuando todo se vuelve oscuro y es más fácil mirar dentro de nosotros. Todo el mundo tiene a libertad encerrada en jaulas de papel, yo sólo escribo sobre esas jaulas. Duele demasiado estirar el brazo intentando alcanzar la distancia infinita hasta el lugar donde el espacio acaba. Donde empieza el nuestro para empujarla con el dedo. Y dejarla caer, hacia el interior.
De mis ojos.
Pero no somos más que dos locos sordos con un pie en la línea esperando a oír el disparo para echar a correr. Y nunca llega. Porque nunca parece cansarse de soñar con auroras boreales cuando la dejo mirando al techo de gris en esas manchas de humedad que se ensanchan y le inundan el mundo. Llevo todavía en el pecho mi reloj de papel que a las diez y diez estático nació sin respirar, para recordar que si me canso del mecanismo de la vida, si le falta aceite y escuece, puedo ir a saltar de engranaje en engranaje, de diente en diente, cuando todo se vuelve oscuro y es más fácil mirar dentro de nosotros. Todo el mundo tiene a libertad encerrada en jaulas de papel, yo sólo escribo sobre esas jaulas. Duele demasiado estirar el brazo intentando alcanzar la distancia infinita hasta el lugar donde el espacio acaba. Donde empieza el nuestro para empujarla con el dedo. Y dejarla caer, hacia el interior.
De mis ojos.
martes, 27 de agosto de 2013
Qué voy a contarte yo de felicidad si nací en enero.
Me rompió con cuidado.
Y de miedo escapó lo bastante lejos
para llenar de vacíos mis hojas en blanco.
Porque tiemblo despacio pero mis avalanchas te dejan en ruinas, decidí así nunca más amar.
Cayó al suelo y rescaté de la luna perdida, entre mis dedos: seiscientas noches lunares sobre tu espalda.
Se hundió la noche en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Abrí cansados los párpados para sacar de allí.
la imagen de la musa de andares lentos que se aleja
bajo los zapatos de terciopelo que cuelgan de los cables,
empezó a fingir que los días no existen y que ni el tiempo, puede curarla.
y cada viernes
el cielo proyecta el reflejo
de los charcos limpios de lluvia.
Y sigo bailando sin música.
Se hundió mi musa en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Soy tormenta.
En el café removí el pincel, lo posé en el lienzo, pensaba hacer magia.
Pero el truco empieza al abrir mis arterias.
Para pintar en brown y carmesí tus labios de sangre acuarela
sobre la seda gris ciudad.
(A veces ella toma sus pastillas.
todas de golpe y súbitamente,
los aplausos se apagan.)
Se hundió el pincel en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Como si vivimos dentro de una foto que alguien incendió dentro de ciento veintiún años y son todo cenizas.(y al aire)
No le cabe duda, ni una más. A la niña boreal, un segundo de silencio, Moldava, en tu noche infinita, Moldava, un segundo por ella. Este suicida está enamorado de aquel puente.
Se hundió la noche en Bohemia.
y en tus ecos
mis heridas.
Y de miedo escapó lo bastante lejos
para llenar de vacíos mis hojas en blanco.
Porque tiemblo despacio pero mis avalanchas te dejan en ruinas, decidí así nunca más amar.
Cayó al suelo y rescaté de la luna perdida, entre mis dedos: seiscientas noches lunares sobre tu espalda.
Se hundió la noche en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Abrí cansados los párpados para sacar de allí.
la imagen de la musa de andares lentos que se aleja
bajo los zapatos de terciopelo que cuelgan de los cables,
empezó a fingir que los días no existen y que ni el tiempo, puede curarla.
y cada viernes
el cielo proyecta el reflejo
de los charcos limpios de lluvia.
Y sigo bailando sin música.
Se hundió mi musa en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Soy tormenta.
En el café removí el pincel, lo posé en el lienzo, pensaba hacer magia.
Pero el truco empieza al abrir mis arterias.
Para pintar en brown y carmesí tus labios de sangre acuarela
sobre la seda gris ciudad.
(A veces ella toma sus pastillas.
todas de golpe y súbitamente,
los aplausos se apagan.)
Se hundió el pincel en Bohemia y en tus ecos mis oídos.
Como si vivimos dentro de una foto que alguien incendió dentro de ciento veintiún años y son todo cenizas.
No le cabe duda, ni una más. A la niña boreal, un segundo de silencio, Moldava, en tu noche infinita, Moldava, un segundo por ella. Este suicida está enamorado de aquel puente.
Se hundió la noche en Bohemia.
y en tus ecos
mis heridas.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Horología.
Dijo que íbamos mal por aquel camino. Pero si es por perderme podría jurar que sus ojos son.
lo más cerca de la libertad que he estado. Y lo más cercano al abismo. Seguía con la mitad de los dientes rotos mi engranaje y en la relojería a la que me enviaste dijeron que los rotos del corazón no se arreglan con atardeceres tristes. (Ni al frío tacto del cuello de la botella) Ni con besos de plástico. Ni versos de latón.
Dijo que íbamos mal por aquel camino, que para celebrar aún era pronto. A veces se tropieza al final, con todos los sueños bien doblados dentro del armario y con olor a naftalina. Es que mis libros eran tus libros, pensé que eso era compartir el alma por encima de cualquier sábana sucia y cansada. Y podría jurar que eso es lo más cercano a la felicidad que he visto.
Dijo que íbamos mal por aquel camino. Pero no añoro yo ni quiero añorar las noches en las que mis ojos abiertos se apoyaban secos contra la almohada. Y no es que haya retorno, cuando llegaste bajé mi jaula y mi máscara de papel al contenedor de la esquina. Mi medicina en un día de fiebre, pero no curas mis espejismos. Pensabas curar mis desastres. Pero aún es pronto paraenamorarme enamorarnos. Y como si no fuera a serlo siempre, ojalá pudieras adaptarte a mi caos...
Dijo que íbamos mal por aquel camino. Que no me parecía a ningún animal que antes hubieras visto. Que después de tu tercera capa de infiernos ya no me encuentras, aunque yo seguiría encontrándote después de la última. Que querrías que yo fuera bella, o que al menos mi alma, viviese en tu bolígrafo. Sabes que mis cielos siguen grises y mis tazas vacías. Y si vas a marcharte, no te dejes tu olor en la puerta. Yo no quiero recordarte ya.
Dijo que íbamos mal por aquel camino. Y en ese camino a mi vena cava superior le dio por romperse. Las heridas del corazón no se curan con golpes.
Escribí tres poemas, lloré otros cuatro, vomité otros cinco.
Aún no sé hacerlo mejor que esto.
lo más cerca de la libertad que he estado. Y lo más cercano al abismo. Seguía con la mitad de los dientes rotos mi engranaje y en la relojería a la que me enviaste dijeron que los rotos del corazón no se arreglan con atardeceres tristes. (Ni al frío tacto del cuello de la botella) Ni con besos de plástico. Ni versos de latón.
Dijo que íbamos mal por aquel camino, que para celebrar aún era pronto. A veces se tropieza al final, con todos los sueños bien doblados dentro del armario y con olor a naftalina. Es que mis libros eran tus libros, pensé que eso era compartir el alma por encima de cualquier sábana sucia y cansada. Y podría jurar que eso es lo más cercano a la felicidad que he visto.
Dijo que íbamos mal por aquel camino. Pero no añoro yo ni quiero añorar las noches en las que mis ojos abiertos se apoyaban secos contra la almohada. Y no es que haya retorno, cuando llegaste bajé mi jaula y mi máscara de papel al contenedor de la esquina. Mi medicina en un día de fiebre, pero no curas mis espejismos. Pensabas curar mis desastres. Pero aún es pronto para
Dijo que íbamos mal por aquel camino. Que no me parecía a ningún animal que antes hubieras visto. Que después de tu tercera capa de infiernos ya no me encuentras, aunque yo seguiría encontrándote después de la última. Que querrías que yo fuera bella, o que al menos mi alma, viviese en tu bolígrafo. Sabes que mis cielos siguen grises y mis tazas vacías. Y si vas a marcharte, no te dejes tu olor en la puerta. Yo no quiero recordarte ya.
Dijo que íbamos mal por aquel camino. Y en ese camino a mi vena cava superior le dio por romperse. Las heridas del corazón no se curan con golpes.
Escribí tres poemas, lloré otros cuatro, vomité otros cinco.
Aún no sé hacerlo mejor que esto.
miércoles, 17 de julio de 2013
jueves, 11 de julio de 2013
7.
Seré la envoltura, la piel que me dejó en vacíos por escasez de alma, y un porqué mis veintiún gramos se quedaron en siete.
Vértigo sobre tus vértices que me llama a saltar como si hubiera mañana, como si el peligro fuera uno de aquello problemas que me trajo a tu cielo de siete estrellas como constelación única, como si al cerrar los ojos el infinito no pesase nada sobre nuestros párpados.
Que accidentarme en tu caos no es tropezar y atarte a mí, es bajar las persianas y rezar porque la ciudad no nos trague en lo que dura nuestra tragedia.
Letras polares caen de los tejados al doblar la esquina del papel cansado de días lejanos que no olvidan, aún susurran nombres en lenguas difíciles y atormentan más que ayer.
Callas y decides dejar de buscar y leerme entre inviernos y si por querer querría arrugas bajo arrugas de tus sábanas, derramaste un gris sobre un gris que no era el mío y te gustó la mancha.
Vas a evaporarte hacia el núcleo de tu desastre.
Se oxidaron las agujas de agua caliente en una esquina de la ducha que te extraña cuando estás y cuando no, empezamos a contar por el final y echamos la llave, segundos actúan por inercia.
El cerrojo aún espera y mi engranaje necesita aceite y otro color, pero yo en ningún momento dije búscame.
Y sin embargo.
Vértigo sobre tus vértices que me llama a saltar como si hubiera mañana, como si el peligro fuera uno de aquello problemas que me trajo a tu cielo de siete estrellas como constelación única, como si al cerrar los ojos el infinito no pesase nada sobre nuestros párpados.
Que accidentarme en tu caos no es tropezar y atarte a mí, es bajar las persianas y rezar porque la ciudad no nos trague en lo que dura nuestra tragedia.
Letras polares caen de los tejados al doblar la esquina del papel cansado de días lejanos que no olvidan, aún susurran nombres en lenguas difíciles y atormentan más que ayer.
Callas y decides dejar de buscar y leerme entre inviernos y si por querer querría arrugas bajo arrugas de tus sábanas, derramaste un gris sobre un gris que no era el mío y te gustó la mancha.
Vas a evaporarte hacia el núcleo de tu desastre.
Se oxidaron las agujas de agua caliente en una esquina de la ducha que te extraña cuando estás y cuando no, empezamos a contar por el final y echamos la llave, segundos actúan por inercia.
El cerrojo aún espera y mi engranaje necesita aceite y otro color, pero yo en ningún momento dije búscame.
Y sin embargo.
domingo, 23 de junio de 2013
Huida.
De interferencias despierto, tres mentiras me desean buenos días desde alguna antena, reloj me vigila por debajo de mi manga izquierda, comienzo a correr. Quién dijo nada de dirección, el agua no piensa en caer y yo pienso en jaulas. Café frío para fríos hombres, dedicar segundos a segundos inmerecidos. Ese rostro no es mi rostro, no soy un espejo; corbatas no me representan pero sigamos actuando. Creyendo en la dependencia hacia el don gran caballero para sobremorir mientras periódicos vuelan. Sabes tanto, pero tu religión se basa en un sistema de organización piramidal de dos vértices y que ese Dios tuyo bendiga la coherencia. Mientras nado a favor de la corriente, estas ojeras sí me representan o mis ganas de terminar como si no fuera perpetuo, idealizando futuros imposibles afluentes. Firmando papeles impresos de sinsentidos que ni en prosa ni en verso y qué clase de sinsentidos son esos que no son poesía. Todo el peso a mi espalda, regresar de su mano como si hubiera opción, zapatos sin espacio para los dedos y un nudo que sigue aprisionando este cuello inerte. Cansancio y. Y ya.
-Serás mi llave, abro esa puerta y podrían hacernos estallar con un golpe, si tu quieres. Podrían llorarnos, para disolvernos al tocar el suelo. Mis pupilas lunares, espaciales en tu órbita por un segundo tu piel bajo mi piel. Intentar escribir en ti es en vano, intentar definir en ti es en vano. En la huida tropecé con el calendario, caí en tu abismo. Frente al espejo, la ventana me explicó tu infelicidad constante; tu infidelidad momentánea, la ventisca que circula el laberinto que tienes sobre el cuello. Tu drama en mi drama, podrás secar la red con mis lágrimas si reclamo el rescate. Las cicatrices de tu espalda me preguntaron dónde se encontraba mi eje gravitacional, ayer le pedí que me bailara, pero estas ojeras me vencieron, tengo sed de ti. Déjame gritarte por dentro, me encanta cuando me salvas.-
-Serás mi llave, abro esa puerta y podrían hacernos estallar con un golpe, si tu quieres. Podrían llorarnos, para disolvernos al tocar el suelo. Mis pupilas lunares, espaciales en tu órbita por un segundo tu piel bajo mi piel. Intentar escribir en ti es en vano, intentar definir en ti es en vano. En la huida tropecé con el calendario, caí en tu abismo. Frente al espejo, la ventana me explicó tu infelicidad constante; tu infidelidad momentánea, la ventisca que circula el laberinto que tienes sobre el cuello. Tu drama en mi drama, podrás secar la red con mis lágrimas si reclamo el rescate. Las cicatrices de tu espalda me preguntaron dónde se encontraba mi eje gravitacional, ayer le pedí que me bailara, pero estas ojeras me vencieron, tengo sed de ti. Déjame gritarte por dentro, me encanta cuando me salvas.-
domingo, 2 de junio de 2013
Un cobarde con nombre de valiente.
Como continuar por los caminos que nos siguen y no a la inversa, me hablaste de un destino escrito en letras hebreas sobre un tapiz burdeos. Mantenga la calma, podría verle temblar desde aquella estrella y sobre aquel colchón. Querría verle temblar sobre aquel colchón. Y si susurrar mentiras las transformara en realidades que son, al final, la misma mierda que al principio. Seguiría sin querer oír la ignorancia de sus labios. Pero me recordaste que la lluvia no destiñe la tinta de la seda, podríamos así vivir bajo el agua. Y podría tenerte si no te vas. Propuestas vacías como la de bailar tangos con la luna, dijo no sé qué de situar su cuerpo sobre mi piel. Cuando yo solo quería contar las manchas o hacer equilibrismos sobre su espalda. O, bueno. Pero usted es demasiado. Demasiado para. No podrás disipar este humo, este frío, este azul. Aunque embotellado vuelva para algunos domingos, seguirás lejos y mi oscuridad seguirá lejos. Fue su invasión involuntaria, junto con mi afán de acercarle a. Un vacío que logró desbordar. Que ahora cree que puede huir, en cualquier y así de fácil. Mientras me derramo sobre aquella tela, sobre mi complejo de Penélope. Que deshago o desahogo cada noche contando las que faltan. Para que usted regrese. Para que se quede hasta Abril.
viernes, 10 de mayo de 2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
En todos los sueños brilla la misma luna.
Sin despertar busco almas que aúllen en silencio. Vociferen al temor y se ahoguen en la marea de mis ojos. Se apagan. Claustrofobia en medio de ese océano, cualquiera querría huir. Aquel día gris; la sequedad de la noche no fue suficiente. Nunca lo es. Resucita problemas que no logré resolver. Ni quiero. Por un casual hoy me vi presa de libertad y tuve miedo, de. No volver al origen ni al centro. Calor. Para seguir buscando. Reparando esos errores, desenredando los hilos. O intentando. (Porque yo estoy intentando). Soy el altavoz de aquellos cuyos gritos son susurros. Portadores de corazones palpitantes que se marchitan segundo a segundo. Seres intangibles. Los hicieron de aire. Salgo por la puerta y la llave se pierde en el desorden de mi propia mente. Y no sé si preguntarle a alguien, cómo nadie puede construir una base que resista los golpes. El día en que no recuerde, escribiré mis memorias con tinta de agua sobre una hoja en blanco. Mi epitafio vacío. Quise ser alguien. Y fui lluvia.
Como vivir por y para la expresión de los sentimientos: propios y ajenos. Así como amar el arte en todas sus formas de expresión.
Como vivir por y para la expresión de los sentimientos: propios y ajenos. Así como amar el arte en todas sus formas de expresión.
martes, 23 de abril de 2013
Mil imágenes no valen una palabra.
Cuando anochece, los elefantes azules caminan pesados sobre la línea del horizonte. Provocando el giro y la traslación pausada y constante del planeta. Hasta escuchar el grito ardiente de alguien que no sabe donde está. Entonces se hunden en la tierra, la hacen sangrar. Entonces el mundo llora y recuerda. Que en su defecto, no es más que una gran máquina de vacíos. Elefante despierta de sus delirios cuando tu agua se derrama en él. No puede soñar así y te busca. Los kilómetros que hagan falta para calmar tu dolor. Voces anónimas que le atormentan. Extraños con la misma sangre. Comparten espacio en un ínfimo universo. En el cual existes entre muchos otros. En el que los corazones arden, palidecen y se secan. Pero todos somos culpables; la inocencia es un mundo aparte. Este miedo es creación nuestra. Pronto va a estallar. Si no eres mi elefante por una noche. 'Crees que no vas a poder resistir, en un mundo en el que vivir es más importante que entender.' Estás asustado. Porque nadie te ama.
sábado, 20 de abril de 2013
Soñar es pecado.
Escuché al atardecer pensando que jamás volvería a ver el sol. Valiente cobarde. Parece que acabé rápido después de una 'vida', de resistencia muda. ¿Verdad? Pero el peso de los días cada vez era más un peso que un pasar. Se veía perpetuo. Un esperar largo de final tardío. Y aquel peso, cada noche, empujaba mis ojos hacia atrás, hacia el centro de donde la nada nunca reluce. Queriendo encadenarlos a mi alma extinta, cerrar con llave. Y desvanecerme entre haces de luz aural. Involuntariamente. Extinguirme en el aliento de nadie. En el mirar de nadie. En la esencia de nadie. Y en la ausencia del mismo. Respirar y contar hacia atrás. Desde millones de años. Hasta cero. Pero no hay algo que me retenga del huir. No quiero seguir contando hacia adelante. Con miedo al número que pueda alcanzar. Sin haber vivido. Si es así, deseo que la sangre y los segundos. Dejen de correr. Esto es una jaula. Esto soy yo. No puedo escapar de una burbuja de cristal. Porque soy más frágil. Y más destructible. Podría mostrarte que siento como un ave, vivir entre la tierra y el cielo si abrieras los ojos. Quizás los magos morimos pronto. Porque la magia murió hace siglos.
lunes, 15 de abril de 2013
Vendí mi alma por segunda vez.
¿Usted ha pensado alguna vez en el suicidio? Yo sí. Pero nunca podré. Y eso también es una carencia. Porque yo tengo todo el cuadro mental y moral del suicida, menos la fuerza que se precisa para pegarse un tiro en la sien.
sábado, 13 de abril de 2013
Abandon.
Días difíciles.
A veces lo recuerdo. ¿Realmente prefiero olvidarlo? Evasión como primera norma. Esconderse es de cobardes. ¿Y qué soy? Pertenezco a mi miedo. Nada está bien cuando todo está bien. Tinta impresa en los bolsillos. Deja de significar. Me viene a la mente. Que ustedes serán plástico. Aunque yo sea cristal. Transparente. Frágil. Sabes que lo que ves es lo que hay. Dentro de mí. No hay más telón que el que creó tu mente. No. A veces colisiono. No es el suelo el que se rompe a mis pies. Lo prefiero así. Huir. Entre una lluvia de pentagramas vacíos. Porque el silencio es la segunda norma. Si quieres volver atrás. Te preguntas. Quién puede anhelar el ver correr las agujas en sentido inverso. Respondería si encontrara palabras. Es que la galaxia se hace eterna cuando trato de encontrarme. Aunque se haga ínfima cuando alguien me busque. Y no me deje ver el reflejo de mi propio ser. Eso es impotencia. No creo en seres superiores, creo en seres diferentes. Nadie extraña algo que nunca existió. Cada vez lo entienden menos. Cada vez lo entiendo menos. Cada vez busco entenderlo menos.
A veces lo recuerdo. ¿Realmente prefiero olvidarlo? Evasión como primera norma. Esconderse es de cobardes. ¿Y qué soy? Pertenezco a mi miedo. Nada está bien cuando todo está bien. Tinta impresa en los bolsillos. Deja de significar. Me viene a la mente. Que ustedes serán plástico. Aunque yo sea cristal. Transparente. Frágil. Sabes que lo que ves es lo que hay. Dentro de mí. No hay más telón que el que creó tu mente. No. A veces colisiono. No es el suelo el que se rompe a mis pies. Lo prefiero así. Huir. Entre una lluvia de pentagramas vacíos. Porque el silencio es la segunda norma. Si quieres volver atrás. Te preguntas. Quién puede anhelar el ver correr las agujas en sentido inverso. Respondería si encontrara palabras. Es que la galaxia se hace eterna cuando trato de encontrarme. Aunque se haga ínfima cuando alguien me busque. Y no me deje ver el reflejo de mi propio ser. Eso es impotencia. No creo en seres superiores, creo en seres diferentes. Nadie extraña algo que nunca existió. Cada vez lo entienden menos. Cada vez lo entiendo menos. Cada vez busco entenderlo menos.
jueves, 11 de abril de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
En la excitación de mis sueños de opio, gritaba su nombre en el silencio de la noche.
Sin Ligeia, era yo un niño a tientas en la oscuridad.
Y (extraño, ¡Ah, el más extraño de los misterios) encontraba en los objetos más comunes del universo un círculo de analogías con esa expresión. Quiero decir que, después del periodo en que la belleza de Ligeia penetró en mi espíritu, donde moraba como en un altar, yo extraía de muchos objetos del mundo material un sentimiento semejante al que provocaban, dentro de mí, sus grandes y luminosas pupilas. Pero no por ello puedo definir mejor ese sentimiento, ni analizarlo, ni siquiera percibirlo con calma. Lo he reconocido a veces, repito, en una viña que crecía rápidamente, en la contemplación de una falena, de una mariposa, de una crisálida, de un veloz curso de agua. Lo he sentido en el océano, en la caída de un meteoro. Lo he sentido en la mirada de gentes muy viejas. Y hay una o dos estrellas en el cielo (especialmente una de sexta magnitud, doble y cambiante, que puede verse cerca de la gran estrella de Lira) que, miradas con el telescopio, me han inspirado el mismo sentimiento. Me ha colmado al escuchar ciertos sones de instrumentos de cuerda, y no pocas veces al leer pasajes de determinados libros. Entre innumerables ejemplos, recuerdo bien algo de un volumen de Joseph Glanvill que (quizás simplemente por lo insólito, ¿quién sabe?) nunca ha dejado de inspirarme ese sentimiento: <<Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y de su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.>>
-E.A.P.
Y (extraño, ¡Ah, el más extraño de los misterios) encontraba en los objetos más comunes del universo un círculo de analogías con esa expresión. Quiero decir que, después del periodo en que la belleza de Ligeia penetró en mi espíritu, donde moraba como en un altar, yo extraía de muchos objetos del mundo material un sentimiento semejante al que provocaban, dentro de mí, sus grandes y luminosas pupilas. Pero no por ello puedo definir mejor ese sentimiento, ni analizarlo, ni siquiera percibirlo con calma. Lo he reconocido a veces, repito, en una viña que crecía rápidamente, en la contemplación de una falena, de una mariposa, de una crisálida, de un veloz curso de agua. Lo he sentido en el océano, en la caída de un meteoro. Lo he sentido en la mirada de gentes muy viejas. Y hay una o dos estrellas en el cielo (especialmente una de sexta magnitud, doble y cambiante, que puede verse cerca de la gran estrella de Lira) que, miradas con el telescopio, me han inspirado el mismo sentimiento. Me ha colmado al escuchar ciertos sones de instrumentos de cuerda, y no pocas veces al leer pasajes de determinados libros. Entre innumerables ejemplos, recuerdo bien algo de un volumen de Joseph Glanvill que (quizás simplemente por lo insólito, ¿quién sabe?) nunca ha dejado de inspirarme ese sentimiento: <<Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y de su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad. El hombre no se doblega a los ángeles ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.>>
-E.A.P.
domingo, 10 de marzo de 2013
No escribo en verso, porque no lo entiendo.
Estoy cansada. Conté las gotas que dejaron de caer, desde las doce hasta las doce. Perdí la cuenta y volví a empezar. Para nada. A veces como un cristal, voy a estallar en mil y siete pedazos. Con la minuciosidad de un relojero del tiempo, y no de las horas; tejiendo nuevas cicatrices. Las viejas, de tanto abrirlas dejaron de cerrar. Dejé de cantar cuando amanecía. Y al anochecer, como el gato que en las calles se funde con la noche. Me escondo tras mi cortina de indiferencia aparente.
-Queremos morir. Se lee en susurro.Ayer me llamaron absurdo. ¿Y es verdad? Ojalá dormir para no despertar. Ojalá posible, imposible. Ojalá me ames, y es lo mismo. No quiero correr, me agota. Así como el respirar. Cada vez menos, alvéolos marchitos. No fumo sino silencio. Me duelen los ojos, pero llorar es bueno. Queremos morir, y se lee en susurro. Cada noche mis tímpanos, respiran ese humo.
Será que soy algo absurda.
-Queremos morir. Se lee en susurro.Ayer me llamaron absurdo. ¿Y es verdad? Ojalá dormir para no despertar. Ojalá posible, imposible. Ojalá me ames, y es lo mismo. No quiero correr, me agota. Así como el respirar. Cada vez menos, alvéolos marchitos. No fumo sino silencio. Me duelen los ojos, pero llorar es bueno. Queremos morir, y se lee en susurro. Cada noche mis tímpanos, respiran ese humo.
Será que soy algo absurda.
viernes, 1 de marzo de 2013
Sombreros.
Edificios de canela, definición. Ámame u ódiame, pero libérame de tu indiferencia. El no-respirar me revive. Miento si digo que. No devoro sombras informes cuando la luna rompe con la tierra y muere. Me deja a solas con cuarenta y tres mil doscientos segundos que se arrastran a la luz de un silencio eterno. Estás acabando conmigo. Soy corteza, alma en el aire. A veces el viento suspira y grita por tí. Estás ciego y escuchas con los ojos. En Abril, sábanas por la ventana sobre el horizonte se difuminan. Y se pierden, y ojalá me pierda en tí. En ese azul. Agosto piensa que. El agua está turbia cuando las estrellas pesan. Perseidas. Dile a Lorenzo que no llore más. Que en octubre seguirás aquí. Relojes que se derriten porque así lo quiso Dalí. Las agujas siguen girando. Se siguen clavando por doler. Por esos contigos. Diciembre de piedra. Nos enfría y hace olvidar. Religión absurda y onírica. El día me consume, me alimento de lo gris. Si dices por qué, respóndete a tí mismo. Yo soy mía y de la noche. En la enfermedad que respiro. Me haces fuerte.
viernes, 22 de febrero de 2013
Qué pasa.
Lo inconfesable. Mejor buscar, morir, -nos. En el camino fácil. Continuo intermitente, sábado noche la conexión se interrumpe. Pero ya es tarde. Sigo sin ser, siendo nada. Nada soy yo, y es cordura, nada es eterno. Es lo único que siempre queda. Fiel a los que no están ciegos. Es más tristeza que otra cosa. Y tú, ¿Sabes lo que eres? En la nada, misterio y exactitud. Frío. Bajo la piel, por encima de las nubes. Cogemos un tren que no va a ninguna parte. Le llaman suicidio. Lógico, igual es de frío. No cortas el ciclo, es constante. Ríos que no van al mar; eternos que en segundos mueren. Llegando a la estación trece, es rezo que me salves. Es grito mudo. Firmada la sentencia, resignación no aparece. Nos deja a solas, aceptando sin aceptar la condena. Pactando con san Gre...gorio, hijo de nadie. Y trenes son ríos, y yo soy la nada y tú eres certeza. Necesito un final. El mar está en llamas.
sábado, 16 de febrero de 2013
Él es mi noche, y mis signos de puntuación.
Matemático en la lluvia. Soy desconocida en mi propio mundo. Viajo a un no-lugar, demasiada inmensidad para tan poco espacio. Y él es un matemático en la lluvia, matemático de la luz. Matemático de todo lo in-. Visible, contable. Mientras yo, encuentro poesía en la vía, en el metro. En el aire. Los automátas pasan de largo y no la ven. Ni quieren. Creo buscar algo que no existe. Soy materia gris y me extingo despacio. Pero no soy metal, soy alma. Capturo emociones en mi red, telaraña de dislate. Si termina el viaje, quedará. Ceniza y tinta. Dichas emociones se evaporan y más tarde llueven. Quedan criaturas deformes en el sótano, presumen de no ser más que mecanismos, firma Mefistófeles. Y, en lo gris. Escribimos sátiras de sinceridad. Y él es prefacio, puntoscomas. Él es oscuridad sin dejar de ser matemático de la luz.
lunes, 4 de febrero de 2013
Ronda 56 de 365.
Tras la tormenta llegó la noche. ¿Sabes por qué se fue? Yo no. Hacía frío aquella madrugada, él nunca supo si volvería. Esperaba no hacerlo.
Contra todo pronóstico, regresó. Por qué. Ni lo sé, no quiero saberlo. Él era frío, era un loco. Me amarró a un poste con cadenas. Pero eso no dolía, pues. Sus palabras eran témpanos. Lo sabía... Era consciente del daño, y no de las cicatrices. A veces pienso que por eso se fue. Huyendo de sí mismo, todos lo hacemos. Sigo culpándole a él de ello. Aunque; Fui quién lo empezó todo. Las palabras siguen ahí, las que dije. Las que quise decir. Las que no. Él las archivó, era un secreto. Recordarlas le hizo explotar. Y así acabamos. Llamémoslo sinvivir. Dos exangües sin hogar. Problemas más, transitaban por aquella carretera. Los consideré banales y pasé de página. Pero aún sigo en la misma. Pensando me dije que no había diferencias. -Todo es como entonces.- Pero hay una. Tenía grapas en los ojos, las saqué. Y aún estoy ciega. Pero sé por qué se fue. Él sabía que yo seguiría ahí. Que siempre estaría ahí...
Para encajar los golpes.
Contra todo pronóstico, regresó. Por qué. Ni lo sé, no quiero saberlo. Él era frío, era un loco. Me amarró a un poste con cadenas. Pero eso no dolía, pues. Sus palabras eran témpanos. Lo sabía... Era consciente del daño, y no de las cicatrices. A veces pienso que por eso se fue. Huyendo de sí mismo, todos lo hacemos. Sigo culpándole a él de ello. Aunque; Fui quién lo empezó todo. Las palabras siguen ahí, las que dije. Las que quise decir. Las que no. Él las archivó, era un secreto. Recordarlas le hizo explotar. Y así acabamos. Llamémoslo sinvivir. Dos exangües sin hogar. Problemas más, transitaban por aquella carretera. Los consideré banales y pasé de página. Pero aún sigo en la misma. Pensando me dije que no había diferencias. -Todo es como entonces.- Pero hay una. Tenía grapas en los ojos, las saqué. Y aún estoy ciega. Pero sé por qué se fue. Él sabía que yo seguiría ahí. Que siempre estaría ahí...
Para encajar los golpes.
sábado, 2 de febrero de 2013
-En sus ojos existe la tristeza misma.-
Esa persona. Que.
Años atrás, sin buscarlos, encontró motivos para vivir. Demasiados. Eso le hizo temer al fin. Como es normal. Como es natural. Por ello, se construyó un caparazón de hierro. Invisible e indestructible, corazón. Así lo llaman. Y esa fue su armadura. Inspiraba (¿Miedo?) Sólo, inspiraba. Esto no es mitología. Digo que fue casualidad. Luchó, y así, destruyó al menos cien corazas plateadas. La piedad, la compasión. Eso. Eso jamás lo sintió. Nunca es una palabra grande. Jamás lo creyó sentir. -Y. Para qué servirá. Si yo nunca hice daño a nadie...-
Años delante. Demasiados, quiere morir. Quiero, he dicho quiero. No es normal, no es natural. Sabemos que eso no existe. Que es una mentira. Quiero a esa mentira, me enamoré de ella. Recoge los cristales, sabes que no hay armadura. La verdad me engañó. Pero yo quiero a esa mentira, me enamoré de ella. No puedo seguir luchando, sin protegerme. No voy a hacerlo. Yo, sólo me tenía a mi, y ya no. Ni eso ahora. Ahora ni estoy. Te pediría morir, pero ya lo estás cumpliendo, lentamente. Ahora ni soy. A sangre fría. Extráñame. Es igual, no importa. Que no lo hagas. En qué pensaba. No lo harás. Patadas y piedras. Me lanzo al vacío y acabamos de una vez. ACABAMOS, te digo. Te digo, te pienso, te amo. Desde arriba. Desde donde existo.
Años atrás, sin buscarlos, encontró motivos para vivir. Demasiados. Eso le hizo temer al fin. Como es normal. Como es natural. Por ello, se construyó un caparazón de hierro. Invisible e indestructible, corazón. Así lo llaman. Y esa fue su armadura. Inspiraba (¿Miedo?) Sólo, inspiraba. Esto no es mitología. Digo que fue casualidad. Luchó, y así, destruyó al menos cien corazas plateadas. La piedad, la compasión. Eso. Eso jamás lo sintió. Nunca es una palabra grande. Jamás lo creyó sentir. -Y. Para qué servirá. Si yo nunca hice daño a nadie...-
Años delante. Demasiados, quiere morir. Quiero, he dicho quiero. No es normal, no es natural. Sabemos que eso no existe. Que es una mentira. Quiero a esa mentira, me enamoré de ella. Recoge los cristales, sabes que no hay armadura. La verdad me engañó. Pero yo quiero a esa mentira, me enamoré de ella. No puedo seguir luchando, sin protegerme. No voy a hacerlo. Yo, sólo me tenía a mi, y ya no. Ni eso ahora. Ahora ni estoy. Te pediría morir, pero ya lo estás cumpliendo, lentamente. Ahora ni soy. A sangre fría. Extráñame. Es igual, no importa. Que no lo hagas. En qué pensaba. No lo harás. Patadas y piedras. Me lanzo al vacío y acabamos de una vez. ACABAMOS, te digo. Te digo, te pienso, te amo. Desde arriba. Desde donde existo.
lunes, 21 de enero de 2013
Výkon.
Quizás es que solo quiero hacer algo que importe, o ser alguien que importe. Quizás solo quiero importar.
No ser un recuerdo, no desvanecerme entre la lluvia. [Algunos la sienten, otros se mojan] Y es que, como las palabras grabadas en tinta se borran, desaparecen, y así soy yo. A veces me voy porque necesito irme. Pero. Acaso me queda opción. No es una pregunta, soy consciente pero intento responder. -Nadie me busca.- Pero nunca regreso. Creo crear cicatrices que no existen. Quiero romper relojes para matar el tiempo. Qué ironía. Unos segundos, minutos y días de una vida. Nada más, nada menos y sin dejar huella. Sin significar. Expresiones momentáneas. Sonrisas momentáneas. Sueños momentáneos. Escucha, dice. Alguien va a ocupar ese lugar. Soy una extra. Ella, antagonista, violinista, trapecista de las sombras; tal vez. Dice. Deja que siga escapando de mí. Intentándolo. Un año, un siglo, la eternidad. Pero no. No dejes que me desvanezca.
No ser un recuerdo, no desvanecerme entre la lluvia. [Algunos la sienten, otros se mojan] Y es que, como las palabras grabadas en tinta se borran, desaparecen, y así soy yo. A veces me voy porque necesito irme. Pero. Acaso me queda opción. No es una pregunta, soy consciente pero intento responder. -Nadie me busca.- Pero nunca regreso. Creo crear cicatrices que no existen. Quiero romper relojes para matar el tiempo. Qué ironía. Unos segundos, minutos y días de una vida. Nada más, nada menos y sin dejar huella. Sin significar. Expresiones momentáneas. Sonrisas momentáneas. Sueños momentáneos. Escucha, dice. Alguien va a ocupar ese lugar. Soy una extra. Ella, antagonista, violinista, trapecista de las sombras; tal vez. Dice. Deja que siga escapando de mí. Intentándolo. Un año, un siglo, la eternidad. Pero no. No dejes que me desvanezca.
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